Producir un evento corporativo para una marca de lujo no consiste en aplicar un logo sobre una propuesta estándar. El cliente lujo tiene un código estético cerrado — paleta, textura, tipografía, savoir-faire — que el invitado interno reconoce de inmediato y que cualquier disonancia revela. El reto editorial de esta summer party era exactamente ese: bajar el formato de la cena de gala formal a velada de verano para equipo, sin que la propuesta perdiera la lectura de marca premium en ningún punto del recorrido.
A esto se sumaba la restricción de privacidad. La maison no abre la puerta del evento interno al exterior. La producción se trabaja con confidencialidad estricta, sin imágenes públicas del equipo, sin contenido de redes durante el evento y con un control estrecho de proveedores y personal de servicio en el venue. Cualquier decisión de producción debía cumplir el doble criterio de exigencia estética y reserva absoluta.
El tercer eje del reto era el calendario. Una summer party se celebra en la franja del año en la que Barcelona concentra eventos corporativos de cierre de temporada, y los venues urbanos céntricos con perfil compatible con la marca están saturados. La elección del espacio condiciónaba el resto del proyecto.
































