Isdin Team Building MasterChef — Isdin

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Isdin Team Building MasterChef

Team Building · Masia d'Esplugues · 2018

Team building en formato MasterChef para el equipo de Isdin, marca farmacéutica de dermocosmética con sede en Barcelona. Jornada de cocina por equipos con jurado profesional en la Masia d'Esplugues.

El reto

Romper jerarquías sin convertir el día en un parque de atracciones.

El equipo de Isdin había hecho team buildings antes. Olimpiadas, escape rooms, dinámicas outdoor. Funcionan una tarde y se olvidan a la semana. La petición concreta era distinta. Querían una actividad que generara conversación real entre departamentos que se necesitan a diario sin coincidir nunca. Y que lo hiciera sin caer en la coreografía de tirolinas o pruebas físicas que excluyen a parte de la plantilla.

A eso se sumaba una restricción de tono. Isdin es una compañía con cultura científica. Cualquier propuesta debía respetar ese código: ningún sketch infantilizante, ninguna dinámica que pareciera concebida para un grupo distinto al que iba a participar. El formato tenía que sostener la conversación de un comité de dirección que también estaba presente.

El reto, formulado sin adornos, era construir una actividad que funcionara como acelerador relacional y al mismo tiempo respetara la madurez profesional de quien la vivía. Lo estándar no servía. La cocina apareció como hipótesis.

La respuesta de Bacus

Convertir una cocina profesional en un laboratorio de roles, presión y resultado tangible.

Bacus diseña una activación inspirada en el formato MasterChef pero recalibrada para entorno corporativo. El concepto evita la copia literal del programa de televisión. Lo que se traslada es la mecánica útil: tiempos cortos, briefing imperfecto, ingredientes asignados, jurado real, plato evaluado al final. Lo que se descarta es el componente teatral, los gritos y la humillación competitiva. La presión se mantiene. La caricatura se elimina.

La producción se monta sobre una cocina equipada con cinco estaciones de trabajo independientes. Cada estación recibe un chef profesional como mentor, un kit de ingredientes parcialmente común y un encargo creativo distinto. Los equipos se forman mezclando departamentos de forma deliberada: cada estación reúne perfiles que en el día a día apenas comparten reunión. El criterio no es la afinidad. Es la complementariedad obligada.

La secuencia del día se construye en tres tiempos. Primer tiempo: briefing y reparto de roles dentro del equipo. Alguien lidera, alguien gestiona el tiempo, alguien ejecuta. Segundo tiempo: cocina contra reloj con asistencia técnica acotada del chef mentor. Tercer tiempo: emplatado, defensa del plato ante el jurado y cata cruzada entre equipos. Bacus coordina el guion, el ritmo entre tiempos, la dirección de producción y la curaduría del jurado para que cada equipo reciba feedback útil, no aplauso vacío.

La experiencia

Lo que empieza como una broma sobre delantales termina con cinco platos defendidos en serio.

El día se vive en tres registros emocionales distintos. La entrada es de humor. Los participantes llegan con prevención, hacen bromas sobre quién quema el arroz, se reparten delantales como quien asume un disfraz. Esa fase dura veinte minutos.

La segunda fase entra cuando arranca el cronómetro. La actitud cambia sin necesidad de empujarla. Aparecen los liderazgos no oficiales, los que mantienen la calma, los que se bloquean, los que improvisan bien. Las jerarquías de la oficina se diluyen porque en una cocina con cuarenta minutos por delante mandan otras competencias. La gente se mira distinto.

La tercera fase es la defensa del plato. Cada equipo presenta su propuesta frente al jurado y al resto del grupo. No es un concurso de talento. Es una conversación pública sobre cómo se trabajó. La gente se ríe, se reconoce, se incomoda un poco, aplaude al rival. La cata final transcurre con conversaciones que ya no se parecen a las del café del lunes.

El resultado

Una jornada que devolvió equipo y dejó vocabulario común para los meses siguientes.

El cierre se mide en dos planos. En el inmediato, la jornada produce el efecto que pedía el brief: gente de departamentos distintos hablando de cómo se organizaron bajo presión, riéndose de sus propios fallos, comparándose con rivales que mañana volverán a ser compañeros de pasillo.

En el plano útil, queda algo más operativo. El equipo de recursos humanos integra el formato en su mapa de activaciones internas. La referencia a la cocina aparece en conversaciones posteriores cada vez que un proyecto exige perfiles cruzados trabajando contra reloj. El team building deja de ser una salida y se convierte en un lenguaje compartido.

Cliente
Isdin
Asistentes
200
Sede
Masia d'Esplugues

Preguntas frecuentes · Isdin Team Building MasterChef

Lo que preguntan tras leer este caso.

  • La diferencia está en el dispositivo competitivo y de evaluación. Un taller de cocina convencional reparte una receta común, todos los participantes la siguen al mismo ritmo y el resultado es uniforme. La actividad funciona como entretenimiento pero no genera observación útil sobre cómo trabaja el equipo. El formato MasterChef corporativo introduce briefings distintos por estación, presión de tiempo real, asignación deliberada de roles y un jurado que evalúa no solo el plato sino la dinámica de equipo que produjo ese plato. La cocina deja de ser fin y se convierte en pretexto para observar liderazgo, gestión del tiempo y toma de decisiones bajo presión.

  • El formato funciona especialmente bien con equipos mixtos de entre treinta y cien personas que necesitan colaboración transversal en el día a día pero rara vez la ejercitan: marketing con regulatorio, ventas con producción, equipos de proyecto recién formados. Bacus configura las estaciones en grupos de seis a ocho personas por equipo, lo que permite escalar entre cinco y doce estaciones simultáneas según el grupo. El formato es inclusivo a nivel físico, no exige experiencia previa en cocina y respeta restricciones alimentarias mediante adaptación de briefings por estación. No es la opción adecuada para grupos por debajo de veinte personas, donde la mecánica competitiva entre equipos pierde tensión.

  • La activación requiere un espacio con cocina profesional equipada o capacidad para montar estaciones técnicas con induction, fuente eléctrica suficiente y extracción adecuada. Bacus produce el formato en escuelas de cocina profesionales de Barcelona y en venues corporativos con cocina industrial. En espacios sin cocina permanente, el equipo técnico monta estaciones modulares con induction profesional, refrigeración móvil y utillaje completo. La superficie útil mínima ronda los cuatrocientos metros cuadrados para grupos de cuarenta personas, contando estaciones de trabajo, área de jurado y zona de cata final. La elección de espacio condiciona el ritmo del día y la calidad final del plato, por lo que se acuerda en la primera reunión de producción.

  • La traducción ocurre por dos vías. La primera es el feedback estructurado del jurado durante la defensa del plato, que verbaliza en alto qué dinámicas de equipo se observaron en cada estación: dónde se perdió tiempo, qué liderazgos aparecieron, cómo se gestionaron los imprevistos. Ese feedback funciona como espejo profesional, no como crítica gastronómica. La segunda vía es la conversación posterior. El formato deja vocabulario compartido entre departamentos que el equipo de recursos humanos puede reactivar en talleres de seguimiento, en evaluaciones de proyecto cruzado o en sesiones de formación de líderes. La utilidad depende de que esa segunda vía esté planificada desde el brief, no de la actividad en sí.

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