El venue elegido fue Casa Batlló, en Passeig de Gràcia. Edificio de Antoni Gaudí, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, una de las piezas más visitadas del modernismo catalán y un activo cultural que cualquier inversor norteamericano reconoce antes de aterrizar. La oportunidad editorial era inmediata. La dificultad operativa, también.
Un venue patrimonio UNESCO impone restricciones que no admiten interpretación. La carga sobre forjados, la temperatura del salón, los puntos de anclaje, el régimen de iluminación arquitectónica del edificio, los flujos de personal de catering y el calendario de uso compatible con la operativa diurna del museo son condiciones de contorno que no se negocian. Cualquier propuesta de escenografía, montaje técnico o servicio en sala se evalúa primero contra esas restricciones.
El reto editorial añadía una capa más. Una cata de vinos premium dentro de Gaudí compite con el propio edificio por la atención del invitado. Si el catering se ejecuta como cena de gala empresa Barcelona estándar, el venue se come la velada y la cata pasa desapercibida. Si se ejecuta como pieza editorial autónoma, el edificio queda relegado a fondo. El equilibrio era exigente: que la cata tuviera la altura de Gaudí y que Gaudí no apagase la cata.










