El catálogo habitual de team building corporativo se les quedaba corto. Escape rooms, gymkhanas, cocina en grupo: actividades cerradas, con un guion que el equipo de Fluendo descifra en quince minutos. Ingenieros acostumbrados a depurar pipelines de vídeo no se enganchan a un acertijo de cartón. La dirección lo había probado en años anteriores y la conclusión era siempre la misma: el equipo participaba por compromiso, no por interés.
El segundo reto era de mezcla. Había que diseñar una jornada donde un senior de ingeniería de Brno y una comercial de Barcelona compitieran en igualdad de condiciones, sin que el idioma, la jerarquía o la antigüedad determinasen el resultado. Que el ganador fuese una sorpresa para todos, incluido él mismo.
El tercer reto era de tiempo. Fluendo no podía permitirse dos días fuera. La jornada tenía que caber en una tarde larga, con desplazamiento incluido, y devolver al equipo a casa antes del último cercanías. Todo lo que sobrara de ese reloj se restaba de la productividad del lunes.











